La Inteligencia Emocional (IE) está relacionada, por una parte al auto-dominio de la persona ante situaciones inesperadas, que la ponen en un estado de permanente tensión como aspiración ante los distintos embate que presenta la vida misma o las propias dinámicas de trabajo en un mundo altamente competitivo y demandante. Por otro lado, al ser entes sociales, la inteligencia Emocional está directamente relacionada con la capacidad de relacionarse, interactuar y vincularse con otros seres humanos bajo una diversidad de circunstancias y condiciones, y es fundamental su sano manejo porque de ahí marca la diferencia entre comportarse de una manera socialmente aceptable o actuar de manera inadecuada, impropia y hasta reprobable.
No se diga en un ambiente familiar o laboral, porque cada vez la sociedad está más sensible a todo acto de violencia, y el hecho de carecer de Inteligencia Emocional en momentos críticos y de tensión, puede hacer que la persona ante un mínimo motivo explote, ya sea de manera verbal elevando el tono de voz a modo de grito o tenga reacciones impulsivas de golpear una mesa, tirar una silla, patear algún objeto, es estar fuera de quicio, con razón o sin razón, son signos de evidente descontrol emocional, más aún si la violencia llega al grado de agresiones físicas, pues ya se considera eso inaudito para quien actúa así, pero también recae en las personas que le rodean, ante la incomprensión, intolerancia, rechazo y cerrazón, pues son posturas que también reflejan ignorancia emocional.
Lo que sí es evidente e indiscutible, es que la inteligencia Emocional está vinculada a las relaciones interpersonales, por lo que, ésta capacidad marca la diferencia entre un buen o un mal funcionamiento social. Más aún en un ambiente laboral, donde la tolerancia, inclusión, igualdad son valores recientemente reconocidos, apreciados y ahora fomentados en muchas empresas como signo de evolución, los líderes a todo nivel deben y están obligados por ley a mantener sanos comportamientos ante los empleados al margen de las circunstancias, pues el mal trato es inadmisible.
Lo que sí es una realidad, es que hay todavía una gran cantidad de personas a todo nivel socioeconómico y cultural, aunque ha oído hablar de la IE, pocos saben cómo identificarla y detectarla en sí mismos y en los demás.
Como ya hemos hecho referencia a ella, podemos reiterar, que la inteligencia emocional es la capacidad que tiene todo ser humano de percibir, identificar, expresar, comprender y gestionar las emociones ante una determinada situación. Cuanto más se comprenda estos aspectos en sí mismos, mayor control se tendrán sobre la manera de reaccionar y mejores serán los comportamientos y por ende la salud física y mental como sanas las relaciones sociales.
Pueda ser que todavía esté escéptico al respecto, pueda ser que acepte el tema sin conceder, es decir, sin ánimo de cambiar, pueda ser que no le dé todavía la importancia debida para comprometerse en ello y prestarse a desarrollar estas habilidades, pero en todos los casos, ya es necesario y conveniente que haya una toma de conciencia para empezar a incursionar en el tema como parte de un desarrollo personal. Tenga en cuenta que en cualquier caso en el que se encuentre, si mejora su Inteligencia Emocional, notará sus beneficios, en principio, al mejorar su salud, su ánimo, su estado de armonía y sentirse en paz, que le va a permitir a su vez, disfrutar todo lo que esté a la mano y a la par, notará que la gente a su alrededor se sentirá más cómoda de socializar con usted, sea en casa, con amigos y sobre todo en el trabajo.
Así que, si usted quiere saber si tiene o carece de inteligencia emocional, tome nota de la lista de estos cuatro signos que detonan una adecuada IE.
1. Qué tanto toma las cosas como algo personal
Cuántas veces ante determinadas situaciones, usted se siente mal, molesto porque alguien no le tomó en cuenta, porque no lo incluyeron en algo y se siente rechazado, o porque alguien hizo cierto comentario y se sintió menospreciado, o cuando alguien no se dirigió a usted y se percibió ignorado, o simplemente alguien difirió de su opinión y en un comentario sarcástico o bromista se sintió criticado o ridiculizado.
Lo adecuado es hacer una pausa (romper el estado), hacerse cargo de sus propias interpretaciones y analizarlas, si es posible mover el observador para ver la situación desde otra perspectiva, entender que la persona actúo al azar sin intención de agredirle u ofenderle, simplemente no tomar la afrenta a tono personal. La IE puede marcar la diferencia entre distintas reacciones: la buena sería fluir ante el acontecimiento sin identificarse sin tomarlo como algo personal, y la mala sería dejarse llevar por el enfado y terminar faltando el respeto a su interlocutor y a los posibles presentes.
2. Observar la manera en que reacciona
Otro punto muy importante es verse en momentos donde cae en desesperación, y bajo esa turbulencia interna, de qué manera maneja su capacidad de tolerancia ante los argumentos negativos, críticos, o diferentes de su interlocutor y observar cuál es su umbral previo a explotar y verter una serie de críticas, descalificaciones, juicios hacia alguien más, si se altera su tono de voz a nivel de grito para imponer su punto de vista provocando una discusión acalorada.
Lo conducente en esos casos, es poner de inmediato su atención en sí mismo, respirar profundamente, dejar que su interlocutor termine de exponer su posición, tomar si es posible nota de lo más relevante y como respuesta inicial aplicar la empatía, dándole acuse de recibo (aunque usted no esté de acuerdo con lo que diga, devolverle ya sea, con sus palabras o con las suyas, justo lo que dijo) para hacerle sentir comprendido como escuchado y a la vez, usted también asegurarse que captó bien su sentir para luego darse el tiempo necesario de poner sus ideas en orden y exponer su posición.
Recuerde, que todo lo que diga la otra persona sale desde su mapa, desde su nivel de entendimiento o percepción, pues desde esa perspectiva es como su interlocutor construye su realidad. Pero que quede claro, esa realidad no es la realidad en sí misma, es solamente su interpretación, dado que hay otros ángulos distintos que pueden mostrar otras verdades y usted tiene la suya, tan válida como la de los demás.
Ya se ha comentado que las emociones son indicadores, alarmas que deben de captar nuestra atención, ya que detrás de ellas, hay información sumamente útil para el buen funcionamiento y desarrollo personal y social, y no dejar que esas emociones abrumen e inciten a actuar irracionalmente, que generen inconvenientes que después son de lamentar.
3. Dejarse llevar por la ira o enfado
La ira es una emoción básica que altera el metabolismo de todo individuo provocada generalmente por sucesos externos que propician frustración o angustia, llegando a variar en intensidad, pues puede ir desde una leve irritación o molestia hasta llegar a la furia o desquiciamiento colérico con reacciones de comportamientos inauditos al no medir consecuencias.
Otra causa que puede detonar ira, según Izard, suele estar asociada a situaciones en los que la persona percibe una ofensa o agresión y que genera un sentimiento de indignación y de ahí la rabia. Las reacciones típicas son gritos, insultos, golpes, destrucción de objetos, llanto, peleas físicas.
Las personas que carecen de inteligencia emocional raramente suelen pensar bien en situaciones como las descritas, y son más propensas a reaccionar sin darse el tiempo necesario para sopesar los pros y los contras de sus reacciones y comportamientos y mucho menos cómo afrontar esa situación de manera pacífica.
Lo más conveniente en esos casos, es mantener la calma y eso se consigue usando varios artificios: retirarse del lugar por un momento y buscar aire fresco; cambiar el ritmo de respiración, ya sea, lento y pausado, o rápido y jadeando, gritar airadamente a solas, ir al baño y morder un pañuelo o toalla con intensidad que permita el desahogo de la furia, contar hasta el 10, 20 o 50 con diversos tonos de voces, caminar unos pasos lentamente con la atención en los pies, pues eso ayuda a cambiar el estado. El caso es distraer a la mente y sacarla del pozo negro en la que está atrapada emitiendo una cascada de pensamientos negativos y perniciosos que únicamente alteran cada vez más. Otro elemento que ayuda a no llegar a esos altos niveles de ira, es manifestar abiertamente su sentir (molestia, enojo, furia, cólera, etc.) ante lo que el otro está exponiendo, con el objeto de que su interlocutor tome conciencia de su propia actuación y pare o modifique su argumentación, pues de esa manera se interrumpe esa peligrosa escalada para ambos.
Nos hemos referido a la explosión de la ira, pero qué pasa cuando ésta se calla, no manifiesta su molestia, “se traga todo” para evitar mayores conflictos. Las personas menos capacitadas para regular sus sentimientos negativos también son más propensas a tener dificultades para funcionar socialmente, lo cual puede exacerbar los sentimientos depresivos. Las personas que caen en depresión severa han demostrado tener dificultades para comprender como validar sus emociones y con mayor razón de expresarlas.
4. Tener una visión catastrófica
Decir que una persona es catastrófica se refiere a que esa persona siempre piensa en lo peor sin tener motivos concretos. Los pensamientos catastróficos son escenarios que la mente produce con apoyo de la imaginación y ya en serie construye historias, que sin ser ciertas ni existentes, el individuo las da por ciertas con total convicción. En muchos de los casos les llamamos profecías de auto-cumplimiento, es decir, que tanto la persona piensa en algo negativa, que con el tiempo se llegan a cumplir y de esa manera reafirma su modo de pensar.
Este patrón de pensamiento es lo que nutre el negativismo y pesimismo, siendo dañino y perjudicial, porque ataca el dominio emocional llevando a la gente a la angustia, preocupación, temor, depresión, en otros casos a la ansiedad, desolación y trastoca la voluntad con el desaliento, desánimo, desmotivación, apatía.
Un correcto manejo es ser capaz de ver las situaciones difíciles y convertirlas en retos, en desafíos, provocando con ello producir sensaciones más estimulantes, positivas, valientes u osadas que impulsan a la persona a actuar con entusiasmo y determinación a pesar de las posibles adversidades.
Un ejemplo típico en el trabajo es que cuando se escuchan rumores de que va a haber cambios o alguna fusión o reestructuración dentro de la empresa y se esperan ciertos despidos, por lo general la mayoría de la gente se preocupa, angustia, y ahí aparece la sensación de supervivencia, busca alianzas, se hace más servil, empiezan a hablar mal de los compañeros para ellos sean candidatos a ser corridos y no ellos. Alguien con Inteligencia Emocional, no se preocupa, se ocupa, se enfoca en hacer su trabajo, lo que le toca y dar los resultados que en ese momento le corresponde y se da tiempo de explorar otras posibilidades sin caer en el pánico, de esa manera puede regular o hasta evitar temores y angustias innecesarias.
5. Practicar la empatía
Esta habilidad avanzada de la escucha hay que aprender a desarrollarla, porque lo usualmente se ha aprendido imitando a los mayores es la simpatía cuando se coincide o la antipatía cuando se difiere del otro.
La empatía, entendida como “ponerse en el lugar del otro”, a la hora de practicarla obliga a que uno, como oyente, se disponga en escuchar al interlocutor con total atención sobre lo que le acontece, como lo comunica y se expresa, porque en su contenido va acompañado de cierta emocionalidad, con la intención nada más de comprender el contexto, contenido y lo que experimenta (a nivel de sensaciones) y el meollo del asunto no nada más consiste en escucharle y comprenderle, sino validarle al reflejarle con sus mismas palabras o las suyas lo que compartió. Eso tiene un doble efecto, el interlocutor se siente escuchado, comprendido y validado, pero usted, se aclara, se sensibiliza, se serena, y todo al mismo tiempo, en esa danza en el que uno habla y el otro escucha y luego intercambian papeles.
Si usted es capaz de extender su interés más allá de su propio funcionamiento personal, entonces esa es otra señal de crecimiento, de desarrollo humano al hacer a un lado ese ego que le conduce a centrarse en sí mismo y en lugar de eso, darse la oportunidad de expandir su conciencia al considerar también a alguien más que tiene también necesidades, deseos, intereses, valores, actitudes y emociones.
6. Modificar estados emocionales
El ser humano está siempre bajo algún estado emocional, que usualmente no controla ni escoge y mucho menos sabe que puede diseñarlos a su favor.
Dado que los estados emocionales dependen del observador que es, y esto se debe a que tanto la reacción como la intensidad va a depender del espacio de posibilidades de que disponga la persona ante determinada situación, es decir, si sabe que hay diversas soluciones, la persona reaccionará más ecuánime al preveer diversas alternativas que si dispone de una sola opción, pues eso será motivo de preocupación y angustia; en ambos casos eso define el marco del acontecer, holgado o estrecho y con ello, el rango para actuar, se pueden hacer varias cosas o una sola. Es por eso que cuando la gente no sabe cómo actuar, es cuando se llega a poner loca, fuera de sí y lo único que le queda es encomendarse a la divinidad para que interceda en su misericordia a su resolución.
Por ejemplo, en el caso anterior de la ansiedad ante la incertidumbre laboral, mientras que la persona se sienta altamente amenazada, va a entrar en un estado de alarma y tensión tal que la va a agotar, se va a poner irascible, intolerante, desmotivada y hasta se va a enfermar ante la impotencia de afrontar esa situación, pues siente que la consume.
En cambio, un nivel moderadamente bajo de ansiedad puede mejorar el desempeño cognitivo, aumentando la concentración y la motivación para enfocarse en sus deberes del día y estar lista para afrontar lo que venga de esa situación; un nivel muy bajo de ansiedad no favorece la motivación y un elevado nivel de ansiedad dificultaría el mantener la concentración por la constante preocupación.
Dado que existe en el ser humano tres dominios primarios, el corporal, el emocional y el lenguaje verbal, cada uno independiente, pero con coherencia entre todos, en otras palabras, hay una interdependencia congruente entre uno y los demás, o sea, un dominio ayuda a referirse a los demás (la persona que se ríe hace que se exprese amablemente y tenga una postura corporal relajada; una persona tensa, se pone rígida y su tono de voz es tajante) y aquí está el secreto para cambiar de estado.
Simplemente qué sucede si se encuentra enojado, hace unos movimientos corporales y provocar reírse y forzarse a hacerlo a carcajadas, su estado emocional cambiará y su tono como palabras también cambiarán. No puede estar contento y tener una postura corporal contraída o decir estoy triste con tono de alegría, eso sería incoherente. Recuerda, las emociones es lo más auténtico que tenemos, puesto que cuando estás alegre lo proyectas de muchas formas, de igual manera cuando estás enfadado, sensible, triste o temeroso.
Por supuesto, hay momentos en que las emociones pueden quitarnos lo mejor de nosotros mismos, pero si es una persona emocionalmente inteligente es probable que cuando esto suceda tenga las habilidades necesarias para controlarse.
Conocer el valor adaptativo de los niveles moderados y bajos de ansiedad para afrontar los desafíos de la vida puede ser útil. Así que, si puede modificar su ansiedad, llevándola a niveles moderados, sabrá que tiene mas posibilidades de lidiar con la situación que le generó incertidumbre.
Las personas emocionalmente inteligentes saben que necesitan regular el nivel de activación de sus emociones de forma apropiada y aprender a expresarlas correcta o civilizadamente. Por esta razón, se ha evidenciado que una adecuada IE está relacionada con altos niveles de conciencia y bajos niveles instintivos.
Por esta razón, el entrenamiento en Inteligencia Emocional para los líderes en el puesto de trabajo es ahora esencial, fundamental pues de ellos depende mucho el ambiente laboral y con ello la retención de talento. Recuerda, el entrenamiento en IE más efectivo se centra en la gestión y en la expresión de las emociones, las cuales están directamente vinculadas a un buen desempeño laboral y a una mejora de la comunicación con clientes y compañeros de trabajo.
También merece la pena señalar que la IE es una competencia cognitiva que puede mejorar a lo largo de la vida, así que, si cree que no tiene ninguna de estas capacidades o las tiene poco desarrolladas, no tema ni se desilusione, porque está a tiempo de trabajar y desarrollar su inteligencia emocional, nada más es cuestión de que se aplique con total compromiso y determinación, para bien suyo y de los que le rodean.
Por Master Coach Conrado Carlos Alonso Izaguirre


